11/25/06

Los encantos de Puerto Rico


Se presentó con éxito, en la IX Feria del Libro de Puerto Rico, el 16 de noviembre, Zacatecas polvo y luz. Las ventas del libro fueron excelentes y esperamos que siga circulando.


Muchos pensarán que el verdadero encanto de Puerto Rico es su precioso mar o sus atardeceres luminosos. ¡Se equivocan! El verdadero encanto de Puerto Rico es su gente; esa gente con sed de identidad y de terruño que anda por dentro y por fuera de la isla. Yo lo descubrí, mientras merodeaba con ansia caminera entre el paseo de la Princesa y la Puerta de San Juan.

El viejo San Juan es apenas un punto en el mapa, pero en la realidad es un centro energético fabuloso. Alguien comentó que al descender desde el avión la isla toda parece una mole de concreto. Puede ser, pero ya abajo, el adoquín y los colores, las viejas casonas y la música, vuelven aquella simetría que crece vertical, hacia los cielos, en una marea de pasiones y alegría.

Al descender por San Francisco, escuché una música estruendosa y bullanguera. Seguí la luz de donde emanaba aquel ritmo bailador, imaginando que hallaría, de menos, unas veinticinco parejas. ¡Pues no! Una sola iniciaba en la noche de un miércoles el ambiente festivo del fin de semana aniversario de la isla borincana. Una sola, no más. Y en otra ocasión, me acerqué a una congregación ruidosa que entremezclaba música con gritos de algarabía. Escuché ya para llegar que se trataba de una fiesta de barrio. Pero nada. Aquella interminable fila de gente bulliciosa aguardaba la dádiva de un pavo y una despensa de habichuelas y arroz para la fiesta de Thanksgiving. Qué maravilla. Esta gente disfruta como nadie la alegría de estar vivos.

Tal vez no haya más explicación a todo ese vocinglerío que irrumpe en la serenidad isleña que el arrullar poético nocturno y puntual de los coquis, esa ranita fría cuya voz cálida nos seduce, sin más, a todos los que pasamos por aquí. Quien escucha al coquí no olvida nunca que Puerto Rico, duerme cantando.